El pasado viernes 16 de mayo, el Hotel Hesperia WTC Valencia fue escenario de un evento sin precedentes: el concierto «Venezuela es Mujer», un homenaje a la fuerza, la emoción y el talento de las grandes voces femeninas del país.
Te puede interesar leer: Adícora: El paraíso del Kite Surf en la peninsula de Paraguaná
Cinco divas consagradas como Karina, Kiara, Liz, Scarlett Linares y Elisa Rego compartieron escenario en una gala donde la música se convirtió en testimonio y celebración. Más que un espectáculo, fue una declaración de identidad nacional y femenina que estremeció al público.
El inicio del concierto fue un homenaje a Venezuela, en donde las artistas se unieron en un gesto simbólico y emotivo, rindieron tributo a su tierra con una apertura que conmovió hasta las lágrimas. Desde ese momento, quedó claro que la noche estaba destinada a ser memorable.
Liz fue la primera en desatar la energía. Con su estilo arrollador y ese carisma que enciende al público, ofreció un recorrido por sus éxitos más celebrados, creando una conexión vibrante que hizo temblar el recinto.
Kiara, dueña de una elegancia escénica imponente, ofreció una interpretación cargada de madurez y poder vocal. Su presencia, combinada con un repertorio cargado de historia, elevó la noche a un plano casi ceremonial.

Elisa Rego, siempre íntima y honesta, transformó sus canciones en relatos emocionales que
tocaron fibras profundas. Cada nota fue una caricia, una confesión hecha canción.
El ritmo folklórico lo trajo Scarlett Linares, quien alzó la bandera del llano con fuerza y orgullo. Su homenaje a las mujeres empoderadas resonó como un grito de libertad, reafirmando su lugar como ícono del canto nacional.
Y como broche de oro, Karina, anfitriona del proyecto que nació hace ocho años y que hoy sigue creciendo con fuerza continental. Dueña de una carrera que atraviesa generaciones, regaló un espectáculo impecable, demostrando por qué su voz sigue siendo imprescindible en el cancionero latinoamericano.

»Venezuela es Mujer» no solo celebró el talento sino también la esencia de toda una generación.
Fue una noche donde cada acorde fue memoria, y cada voz, un acto de amor por un repertorio que sigue siendo simbólico para el público en general.